Quema, como acido que va deshaciendo los pocos pedazos de carne que queda pegada a los huesos...
Las manos están atadas con alambre de púas…
El cuerpo con vida se pudre desde adentro…
Los huesos se doblegan ante tu grandeza…
La sangre se evapora y deja solo el veneno que tu inyectaste en cómodas dosis para mantenerlo adicto a ti.
Metes tus dedos en el cuerpo putrefacto..
Como si pudieras arreglar el daño que causaste…
Aun eres inconsciente de que es tu propia obra
Tal vez sea demasiado tarde, el odio lo ha hecho tan débil…
En tu mano que da latiendo el único órgano que todavía recuerdas…
Porque en tu mano siempre ha estado…
Porque a tu divina merced siempre ha latido…
Y a tu maldita merced… siempre ha muerto
No hay comentarios:
Publicar un comentario